La radiografía es real. El problema es volver a encontrarla.

Un paciente llama pidiendo una copia de la radiografía panorámica de hace dos años, para una referencia con un especialista. En recepción saben que existe. Lo que sigue suele ser una búsqueda: la carpeta propia del software del sensor, un disco compartido que ya reorganizaron tres asistentes distintas, un correo viejo a un laboratorio, tal vez un teléfono que salió del consultorio con la higienista que la tomó. La radiografía es real. Volver a encontrarla es el problema de verdad.

No es una tarde rara. La mayoría de los consultorios pequeños nunca se sentaron a decidir dónde viven las imágenes clínicas. Pasó por accidente, un flujo de trabajo a la vez. Las panorámicas y periapicales se guardan donde el software del sensor lo decide por defecto. Las fotos de la cámara intraoral se bajan a una laptop antes de una cita y ahí se quedan. Las fotos de antes y después de un caso estético se toman con el celular de alguien porque fue más rápido que buscar la cámara intraoral, y luego se mandan a quien las necesite ese día. Cada una de esas imágenes es real, clínicamente relevante, y está completamente desconectada del expediente que se supone documenta lo que pasó.

La solución a la que la gente recurre primero es una carpeta compartida en la nube: Dropbox, Google Drive, OneDrive. Resuelve el problema de en qué computadora está, pero crea dos nuevos. Primero, quien sea dueño de esa cuenta controla, en persona, la única copia de las imágenes de todos los pacientes, en una cuenta personal que no tiene nada que ver con la identidad legal del consultorio, protegida por la contraseña que esa persona usa también para otras diez cosas. Cuando esa asistente se va, la pregunta de quién tiene acceso a la carpeta se vuelve una conversación incómoda de verdad. Segundo, una carpeta no es un expediente. Una radiografía guardada en una subcarpeta con fecha no está ligada al expediente del paciente, a su plan de tratamiento ni al consentimiento del procedimiento que documenta. Alguien todavía tiene que acordarse del nombre del paciente, adivinar la subcarpeta correcta y esperar que nadie la haya renombrado.

Lo que un consultorio necesita en realidad es más estrecho que nube contra local, aunque esa sea la discusión que tienen entre sí la mayoría de los proveedores de software. Necesita que la imagen quede ligada al mismo expediente que todo lo demás del paciente, que se pueda encontrar buscando al paciente y no la estructura de carpetas, y que exista exactamente una copia autorizada en lugar de cinco copias aproximadas repartidas entre celulares y discos. Si esa copia vive en un servidor en otro país o en la máquina de recepción es una decisión aparte, y consultorios igual de serios llegan a respuestas distintas, casi siempre según las reglas de residencia de datos de su país y qué tanto confían en la infraestructura de alguien más.

Este es uno de los problemas más mecánicos que el módulo de Documentos de HM Praxis busca resolver: una radiografía o foto clínica se adjunta directamente al expediente del paciente, en la máquina del consultorio, indexada por paciente y no por carpeta. No hay una app de fotos aparte que recordar abrir, ninguna cuenta personal de Drive con la única copia, y los datos se quedan en el consultorio en vez de pasar por los servidores de un tercero por defecto. No resuelve cada paso del flujo de imágenes de un consultorio (ese software del sensor panorámico sigue teniendo su propio paso de exportación), pero sí cierra la parte que de verdad cuesta tiempo: que el expediente y la imagen vivan en el mismo lugar, para que "¿dónde está?" deje de ser una pregunta que alguien tenga que hacer.


Para saber más